Una cosa queda muy clara conforme vas creciendo y ganando una poquita de perspectiva para mirar hacia el pasado: todos vamos a pasar momentos buenos y momentos malos en nuestra vida. Da igual lo que hagamos para evitarlo, todos tenemos que sufrir a veces, igual que todos tenemos que experimentar la felicidad. Sin esto último, ¿dónde estaría la gracia de esta función?
Música, amor, amistad, lectura, escribir, trabajar, ver series, videojuegos...¿qué tiene todo eso en común? Son algunos de los pilares sobre los que he ido construyendo mi vida. La verdad, no siempre ha sido así. Y cuando construyes tu vida en torno a una única cosa, si ese mismo pilar se derrumba, tu caes con él. Así de sencillo. Muchas veces tendemos a centrar nuestra vida en el amor, pero, ¿merece la pena jugar todas las cartas de nuestra felicidad a una única apuesta? ¿Nos ha pedido alguien apostar? ¿Estamos seguros de querer hacerlo?
Como he comentado, no siempre he tenido más de un pilar en mi vida. Y eso es malo. Caca. No se os ocurra. Porque cuando algo nos llega a importar mucho, tendemos a cegarnos y perder toda la perspectiva de nuestra vida. Hablando claro: no vemos ni nuestra propia casa, porque estamos tan pegados a la puerta que vemos una cosa de madera, y ni entendemos ni sabemos donde estamos ni nada. Cuando recobramos el sentido, nos echamos para atrás y nos sorprendemos: "Vaya, ¡si estaba en mi casa desde el principio!". Y cuando caes en la cuenta, recuperas la perspectiva y sabes que la vida no va a una sola carta.
En todo esto entra también mi visión del amor. Hay algo muy importante en nuestras vidas: el romanticismo. Nos gusta alguien, con el tiempo hasta nos llegamos a enamorar, sufrimos, experimentamos, aprendemos... Pero, ¿por qué limitar el amor a eso? Hay un momento para todo, y hoy se ha perdido todo el romanticismo. Cuando llega el amor, llega sin más. Y sabemos que es el momento. Pero, in the meanwhile, ¿por qué no ser feliz con lo que se tiene? ¿No puedes amar una tarde con tus amigos? Yo amo cuando conozco gente nueva, o cuando conecto enseguida con ella. Y amo lo que leo. Y las historias que invento. Y cuando logro darle forma a una, como con mi libro. Y cuando me cruzo un chico guapo por la calle, lo amo también. Y los ojos azules (bueno, y hasta algunos tipos de marrones). Y el pelo rubio. Y amo muchas de las cosas que hago.
Mientras no haya ningún príncipe azul por los alrededores (o a mí no me apetezca ninguno), ¿no es eso ser feliz o tener suficiente?
Espero haberos transmitido con claridad esa serie de pensamientos, antiguamente maraña de ideas amorosas en mi mente, y estaría encantado de responder cualquier comentario al respecto. Muchísimas gracias por leerme.
Soñad :)
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